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Un 14 de agosto del siglo XIII, un grupo de aventurados pescadores se hicieron a la mar para dedicarse a las faenas que les incumbían en las aguas del occidente astur. Inmersos en el cometido que se les había sido encomendado, no tomaron alerta de que, progresivamente, el oleaje se hacía más intenso. Así, los desgraciados pescadores se vieron atrapados en una gran tempestad. Desesperados y sin más esperanza de salvación que implorar a los cielos, pidieron ayuda a la Santísima Virgen. Casi de inmediato parecieron sus súplicas atendidas, ya que la aterrada comitiva fue arrojada sobre una peña. En sus alrededores, flotando en las ya tranquilas aguas del mar Cantábrico, flotaba una pequeña estatuilla de Nuestra Señora. Tomado el acontecimiento como algo con tintes inexplicablemente divinos, los marineros la proclamaron su Patrona. Regresaron a Navia con las embarcaciones formadas de dos en dos, escoltando a una que se erigía por encima de las demás en la que se había entronizado la imagen de la Virgen. El júbilo por la vuelta de los camaradas perdidos en altamar fue tal que, al día siguiente, día de la Virgen, la imagen de la nueva Patrona se colocó en la ermita existente en el pueblo. Desde entonces, las calles de Navia vuelven a llenarse de semejante alegría y alboroto todos los 14, 15, 16 y 17 de agosto para continuar celebrando las fiestas en honor a la divinidad.  

Con unos pescadores, un naufragio y poca esperanza comenzaba, allá por los albores del siglo XIII, la historia de las fiestas de Nuestra Señora de la Barca y San Roque en la villa naviega.  

Como escribía Sela en 1961, en el libro de las fiestas bajo el título de ‘Y otra vez Navia’, “Navia es un pueblecito del norte de España, muy digno”. En el mes de agosto, esta digna villa se convierte en un hervidero de actividad esperando por la llegada de sus fiestas patronales, que se celebran del 14 al 17. No obstante, no son las únicas celebraciones. En los días previos tiene lugar el Festival de la Sidra Villa de Navia, donde los lugareños comienzan a calentar motores para la esperada cita de mediados de mes. Combinan además con todos los eventos relacionados con el Descenso a Nado de la Ría de Navia, travesía de aguas abiertas que convierte la villa, durante un fin de semana, en la capital mundial de la natación y que alcanza este 2026 su LXVIII edición. No pueden dejarse sin mencionar ambos acontecimientos, pese a que a continuación, el foco se ponga en aquella festividad a la que mencionadas actividades sirven de preámbulo: las fiestas de Nuestra Señora de la Barca y San Roque. 

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LA VÍSPERA

14 DE AGOSTO

“A las doce, el desplazamiento de la Banda de Infantería de Marina y del cuarteto ‘Os Ribanova’, al mismo tiempo que el estampido de profusión de cohetes, anunciarán al pueblo que han dado principio las fiestas que se propone celebrar en honor de la Patrona”

Con estas palabras se describía hace casi 100 años, en 1932, el acontecimiento que daba comienzo a las fiestas patronales en Navia y que hoy recibe entre los vecinos el nombre de chupinazo. Toda la villa se reúne en la plaza de las Armas, frente al ayuntamiento, para escuchar los discursos de la alcaldía y de la Reina y Damas del año corriente. Una vez escuchadas sus palabras, son estas últimas las encargadas de prender la mecha del gran volador que, detonado en el aire, resonará por todas las calles del pueblo indicando que ya han comenzado las fiestas de La Barca. 

Chupinazo en la plaza del ayuntamiento. Fotografía cedida por David García.

REINAS Y DAMAS DE LAS FIESTAS

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Aunque para todo el pueblo parece ser este el pistoletazo de salida, existe un selecto grupo de personas para los que las fiestas de la Barca comienzan, paradójicamente, inmediatamente después de su finalización. Hablamos de los miembros de Sofinavia, la organización encargada de gestionar tan esperadas festividades. Los orígenes de la asociación se sitúan en 1968 bajo un nombre diferente: Sofitur (Sociedad de Festejos e Iniciativas Turísticas). Por aquel entonces eran un grupo de chavales, llamados a filas por el alcalde Sebastián Olivares, los que conformaban la organización. Entre ellos, el pregonero de este año, Horacio Alonso.

La comisión se encarga de reunir fondos para poder organizar todos los eventos que tienen lugar en esas fechas: juegos infantiles, exhibiciones, partidos de fútbol, conciertos, procesiones y orquestas. Antaño, estas se escogían casi como a las nuevas promesas del deporte: a través de vídeos. “Había que contratar las orquestas. Venía un representante de Galicia y las contratábamos. Nos traía unos vídeos. Normalmente estábamos en casa del presidente, Fernando Bazán, que era el teniente de alcalde de aquella. Y los visionamos”, describe Horacio. “Y contratábamos, pues, orquestas de Satélites, Caracas, de todas esas historias, Variedades, todas aquellas orquestas de Galicia que estaban en la época”, cita como ejemplos Alonso. Hoy, Andrés López, presidente de Sofinavia; y David García, miembro de la comisión; lo tienen más complicado. La mítica Satélites mencionada por Horacio ya tiene su calendario completo para 2026, 2027, 2028 y se encuentra en proceso de cerrar 2029. Por eso, la actual comisión comienza su trabajo casi inmediatamente después de las fiestas, para poder ofrecer las mejores verbenas posibles: “o lo cierras, o lo pierdes y te quedas con lo que haya”, afirma Andrés ante la anticipación necesaria en la reserva de las orquestas. 

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Orquesta Fantasio, natural de Navia. Fotografía del libro de las fiestas de La Barca y San Roque del 2004.

CONOCE LA HISTORIA DE LA COMISIÓN

Sofitur nace en 1968 formada por un grupo muy pequeño de jóvenes naviegos a petición del alcalde, Sebastián Olivares. Desde su fundación hasta 1973 Fernando Bazán estuvo al frente. Recoje el testigo Máximo Gorostiza, que permanece al mando hasta 1983. Al año siguiente muta a Sofina (Sociedad de Fiestas Navia) que sobrevive poco, ya que en 1985 se hace cargo de la organización de las fiestas la Consejería de Cultura del Ayuntamiento de Navia, capitaneada en aquel entonces por María Luisa González. De 1986 a 1989, Carlos Hidalgo se coloca al frente de AFENA. Del 89 al 94 vuelve a recuperarse el nombre de Sofitur con José Méndez Garrido al cargo.

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Caretas de cabezudo guardadas en la oficina de Sofinavia. Fotografía de Andrea Rguez. Regodeseves.

En 1958 se incorporan los bailes en el Casino de Navia sobre las ocho de la tarde y, en el 60, la víspera coincide con un jovencísimo Descenso, que celebraba por aquel entonces su III edición. Un año más tarde comenzaba otra tradición deportiva y acuática que se mantendría durante años en esas fechas: las regatas de botes. Acudían embarcaciones de los pueblos y concejos circundantes como Medal, Ortiguera o Viávelez y se entregaban premios de hasta 3.000 pesetas.

 

También hubo espacio para los niños, celebrándose juegos infantiles como carreras de sacos, rotura de la cazuela, cucañas, captura con argolla, lanzamiento de morteros y diversos concursos; así como actuaciones teatrales de grupos de la zona. Incluso tuvieron lugar ferias de ganado.   

Para el resto de mortales, sin embargo, a las 12 de la mañana del 14 de agosto comienzan las fiestas de Nuestra Señora de la Barca y San Roque en Navia: comienza “La Víspera”. En la actualidad, el chupinazo va precedido de un pequeño pasacalles con bandas y charangas locales que continúa una vez lanzado el volador inaugural, esta vez en compañía de los gigantes y cabezudos, que ya aparecen en el programa de 1946. No hablamos de seres mitológicos, sino de personajes artesanales de madera, papel, cola, tela y cartón. Estos ya circulaban en la antigua Roma como antesala de los juegos circenses y con motivo de las fiestas saturnales, reapareciendo en las procesiones del Corpus medievales a partir de las representaciones de gigantes bíblicos como Goliat y san Cristóbal. En el occidente de Asturias, son habituales en los desfiles de las grandes fiestas como la aquí descrita, la víspera de Las Telayas o en diversas celebraciones de San Timoteo. En el caso de las fiestas de la Barca, las caretas y sus pasacalles son gestionados por la Peña “El Cabezón”, que se encarga también de organizar un posible tardeo, que en 2025 tuvo una muy buena acogida por parte de la juventud. 

Aunque ahora la folixa sea lo que prime este primer día de las mal llamadas “Barcas”, fueron muchas las actividades que amenizaron las tardes del 14 de agosto. En el primer programa conservado, fechado en 1932, se anunciaba el paso por la villa de la prueba ciclista que se celebraba en Luarca, villa vecina. El deporte continuaba a las cinco y media de la tarde con un gran partido de fútbol entre el Navia F.C. y la selección de la provincia, que competía bajo el nombre de “Los Azules”. Este encuentro futbolístico se convierte en algo habitual las décadas venideras, acompañado en 1953 con un festival acuático que prometía gran variedad

de actividades: “caza del pato, subida al barril, buceamiento de

regalos, resistencia de inmersión y cucaña en palo

ensebado”.  

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Programa de la Fiestas de Nuestra Señora de La Barca y San Roque de Navia. Conservado en la Biblioteca Municipal Carlos Peláez de Navia.

Fuese cual fuese la actividad programada para la tarde de la víspera, siempre tenían su continuación en la primera gran verbena de las fiestas. Verbena que, si bien existió siempre, no lo hizo en el mismo sitio desde sus inicios. Comenzó con una orquesta en Los Jardinillos, un parque en el centro de la villa, y otra en el parque Ramón de Campoamor. Con Sofitur, ambas orquestas pasaron a la primera ubicación. Posteriormente viajaron hasta la Dársena, en el muelle. Sobre el 2008, se pasaron a una ubicación más alejada del centro de la villa, a una explanada en la calle de La Granja. Tras una manifestación en 2013 el día del chupinazo pidiendo la vuelta de las verbenas a la zona del muelle, las fiestas de La Barca de 2014 volvieron a la Dársena, donde se celebran en la actualidad.  

A la vera de la ría, grupos, bandas y orquestas del territorio nacional se dan cita en Navia en tan cotizadas fechas del año. Cabe mencionar el auge en los últimos años de otro tipo de amenización musical: las discotecas móviles. Especialmente en esta década de los años 20 del nuevo siglo XXI, pueden verse cada vez más DJ que comparten sus mezclas con las multitudes en las fiestas de prao. La víspera es, desde hace unos años, una de ellas. El crecimiento de este tipo de apuestas musicales puede deberse, sobre todo en fechas tan señaladas como mediados de agosto, a un aumento exponencial – y cada vez más inalcanzable – de los precios de las orquestas. Así lo predecía ‘Pisón’, Jose Manuel González, histórico miembro de la comisión: “dentro de 5 años las fiestas van a ser dúos y discotecas móviles porque no hay dinero para pagar orquestas”. Para poner cifras, el pasado año 2025, una orquesta costaba el domingo 17 de agosto 12.500 euros. Dos días más tarde, el martes 19, su precio era de 7.000 euros.  

Con todo, orquestas de toda la geografía española continúan acudiendo a Navia para abrir la primera de las grandes verbenas de la villa y apreciar, desde el escenario, la vitalidad y emoción que une a la ciudadanía naviega en estas esperadas fechas.  

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LA BARCA

15 DE AGOSTO

La hora a la que suena el despertador de los naviegos el 15 de agosto depende de uno de los protagonistas de esta historia desde su génesis: el mar. La procesión en honor a la Virgen de la Barca se realiza por las aguas de la ría, por lo que la hora de salida depende de las mareas. Fue en 1934 cuando la procesión se realizó por primera vez en barco: antes era por las calles. En estos orígenes, las embarcaciones remontaban el cauce del Navia río arriba, hasta la altura del Casino Fantasio. El transporte empleado eran las gabarras planas que se utilizaban para sacar la arena de la ría. Dos era las que encabezaban, tiradas por dos lanchas motoras, una con la Virgen y otra con San Roque, acompañadas de una comitiva de lanchas. Una vez alcanzado su destino, volvían por carretera.

Hacia los años 50, era habitual hacer una pequeña parada en el parque Campoamor para mojar a la Virgen con agua de la ría en una entrada en la esquina del lugar, en recuerdo de los marineros que la trajeron a la villa, pues fue su punto de desembarco. Hoy esta parada ya no se hace, aunque en algunas procesiones se conservó el vestigio de girar cara a Ramón de Campoamor y entonar la salve marinera. Tampoco se conserva el sentido de la procesión: se vendieron las gabarras y comenzaron a utilizarse un remolcador pequeño cedido por el astillero. Sin embargo, tenía un problema: no pasaba por los puentes de entrada a la villa. Por ello, comenzó a realizarse el recorrido ría abajo, que es el que se mantiene en la actualidad. Cabe mencionar que, excepcionalmente, en 1967 se celebró en horario nocturno, con los faros de los coches apuntando desde el muelle a la ría para iluminar el camino. Fue la primera y la última vez.  

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Homenaje a la Virgen en el acceso a la ría del parque Ramón de Campoamor. Fotografía cedida por Horacio Alonso.

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Fotografías de la primera procesión por la ría de Navia en 1934. Cedidas por Horacio Alonso. Recortes del libro de la fiestas de 1960.

Independientemente de que el primer evento de la ‘Fiesta Mayor’ sea o no la procesión, el despertador tiene que estar puesto algo temprano en la mañana para no perderse el pasacalles o la misa en honor a Nuestra Señora. Más o menos a partir de las 10 de la mañana comienzan a escucharse gaitas y tambores en las calles de Navia cuyo ritmo invita a salir a acompañarlas. Sobre las 12 se celebra la misa en honor a Nuestra Señora de La Barca, cantada por el coro ‘Villa de Navia’. Para los más madrugadores, en los años 30 el pueblo amanecía a las 7 de la mañana con una Gran Diana: una melodía que se utilizaba para marcar el inicio de la jornada festiva y despertar a los vecinos y vecinas. Fue retrasándose su hora de inicio hasta que en la década de los 70 se convirtió en el pasacalles que continúa vivo en la actualidad.  

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Procesión de La Barca de 1997. Eduardo Blanco porta la imagen de la Virgen en primer plano. Cedida por Eduardo Blanco.

Procesión de La Barca 2025. Roberto Blanco, hermano, y Raúl Blanco, hijo de Eduardo, portan la Virgen. Cedida por Eduardo Blanco.

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Hay eventos para todos los gustos dentro de la villa, pero también dentro de la misma casa. Los Blanco son una familia de raíces naviegas que espera todo el año por estas señaladas fechas. Así describe Eduardo Blanco esa emoción: “es un analogismo raro, pero el día de los enamorados todo el mundo regala, y se supone que estás enamorado todo el año. Pues de Navia estás enamorado todo el año y esas fechas es en las que todo el mundo se vuelca en demostrarlo, en vivirlo”. Algunas no todo el año, sino también toda la vida. María Luz Méndez, madre de Eduardo, siempre fue mucho de ir a la procesión del día de La Barca. Desde pequeña iba con sus padres y ahora continúa en su afán. Para Raquel Blanco, hija de Eduardo, el momento álgido de la mañana es la Danza Prima.

De acuerdo con Horacio Alonso, la Danza Prima nace sobre los años 80 de la mano de una vecina de Navia llamada Laurita. A día de hoy, Justi y Lolina continúan con esta tradición. La primera se encarga de cantar los versos de la danza mientras que la segunda es la organista del himno de La Barca. Inicialmente se bailaba en el parque Campoamor, pero tras la demolición de las casas frente al ayuntamiento y la creación de la plaza de las Armas, se movió el ritual a este nuevo emplazamiento. Estar en círculo en dicha plaza, agarrada por los meñiques con otras decenas de mujeres naviegas, vestida de asturiana mientras repite los versos tradicionales es uno de los primeros recuerdos de Raquel. Y también uno de sus favoritos. “A mí del día de la Barca lo que más me gusta es bailar la Danza Prima, porque desde muy pequeña la bailo con Débora, que yo la considero mi tía aunque no lo sea, y con Mara, su hija que también considero mi prima, y desde muy pequeña la bailamos las tres juntas. Ahora todos los años, aunque no nos veamos mucho durante el año, ese día al llegar a la plaza del ayuntamiento, aunque no nos hayamos visto los días anteriores, nos buscamos las tres para bailarlo juntas”, declaraba la joven naviega. 

Danza Prima del 2025 en la Plaza de las Armas, frente al ayuntamiento. Vídeo cedido por Raquel Blanco.

De izquierda a derecha: Raquel Blanco, María Luz Méndez y Eduardo Blanco. Fotografía de Andrea Rguez. Regodeseves

EL DÍA DE LOS ENAMORADOS TODO EL MUNDO REGALA Y SE SUPONE QUE ESTÁS ENAMORADO TODO EL AÑO. PUES DE NAVIA ESTÁS ENAMORADO TODO EL AÑO Y ESAS FECHAS ES EN LAS QUE TODO EL MUNDO SE VUELCA EN DEMOSTRARLO, EN VIVIRLO.

Eduardo Blanco, vecino de Navia

Las fiestas de La Barca son un bonito periodo de reencuentros. Y eso se nota sobre todo en este día justo antes de comer: en el vermú. “El vermú de la Barca, no falta nadie. Todo el mundo de Navia que esté viviendo fuera hace todo lo posible por venir. Encima, ayuda que el día de La Barca siempre es festivo nacional. Si encima está cerca un fin de semana, facilita a la gente que está en Oviedo, Madrid y tal. Es agosto también, mucha gente hace coincidir sus vacaciones para poder estar aquí en las fiestas. Y el día de La Barca Navia está lleno de gente de Navia. Y pasa que hay gente que los ves casi ese día, no más, o esos días. Porque todo el mundo hace por venir aquí”, comenta Eduardo sobre el deseo de estar en la villa en unas fechas tan señaladas.  

Abierto el apetito con ese vermú en los bares de Navia (muy habitualmente en las terrazas del parque Campoamor), todo naviego está listo para sentarse a la mesa. La comida del día de La Barca suele ser un momento familiar, bien de reunirse en el comedor de alguno de los miembros, bien de optar por acudir al restaurante predilecto de la villa. María Luz comenta que, cuando ella era pequeña, la primera opción era la que triunfaba siempre. Para Eduardo y Raquel, la segunda suele ser la elegida. Alerta ‘Pisón’ de que, en caso de tomar la segunda alternativa, hay que ser casi tan previsores como la comisión a la hora de cerrar las orquestas: él come fuera el día de La Barca y, según sale por la puerta, ya deja reservado para el año siguiente.  

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Recuerdos del vermú.

Un grupo de amigos se reencuentran el 15 de agosto de 2025. Fotografía analógica cedida por Rodrigo Valdés.

Con el estómago ya lleno se enfila la tarde. Aunque la mayoría de la juventud suele descansar para rendir al máximo en la verbena, la comisión tiene propuestas para los más animados. Si la procesión ya se realizó por la mañana, entonces en la tarde puede disfrutarse de un nuevo pasacalles con música o acudir a conciertos de bandas, estos últimos ya existentes desde 1932. También eran habituales los bailes y en ocasiones actividades como los juegos acuáticos o los partidos deportivos (a principios de los 50 fue de baloncesto) que ocupaban la tarde de la Fiesta Mayor. Con todo, históricamente no es una tarde que destaque por su variedad de actividades. Se trata de un día más bien familiar, aunque la comisión actual advierta de que parece estar perdiéndose esta faceta en favor de una vertiente más festiva que no tiene tanto interés en las tradiciones, sino más bien en lo exclusivamente relacionado con la fiesta.  

Una fiesta, una verbena, que fue mudando su horario de comienzo. Antiguamente las orquestas de la noche comenzaban sus pases dadas las seis y media de la tarde. Progresivamente fueron retrasándose hasta llegar a lo más habitual en la actualidad, que son las once de la noche. “Cada vez empezamos más tarde y alargamos más”, afirmaba el presidente actual de la comisión, Andrés López. Horacio Alonso narra sí la evolución de las verbenas: “Entonces las fiestas eran, no como ahora, que empiezan a la una de la madrugada y terminan a las seis. Eran desde las seis de la tarde, desde las seis, seis y media, hasta las diez, diez y media de la noche. Había un receso para cenar, hora y media o dos, y se volvía a la verbena hasta las cuatro o cinco de la mañana”. 

El día de La Barca presenta una excepción en lo que respecta a las actuaciones musicales: estas deben interrumpir su pase a la medianoche, cuando se termina el día de Nuestra Señora y comienza el de San Roque para el habitual espectáculo de fuegos artificiales. Ha sido una tradición ininterrumpida salvo por causas de fuerza mayor: en 2025, a causa del riesgo de incendio forestal; hace 40 años, por falta de recursos económicos. Por lo demás, los fuegos artificiales del día de La Barca son una tradición que ha sobrevivido al paso de las generaciones. Para Eduardo, constituyen parte importante de sus primeros recuerdos de las fiestas: “y ahora me viene a la cabeza que quizás el primero de todos es uno muy difuso, que era cuando yo debía tener unos 4 años, creo, y alguna noche me quedaba durmiendo en casa de mis abuelos porque mis padres salían a la verbena. Y yo me acuerdo escuchar desde la habitación donde dormía los fuegos artificiales”. 

Con el retumbar de dicha pirotecnia aún en los oídos siendo progresivamente sustituido por las melodías de las orquestas, los naviegos disfrutan de una nueva verbena cuya conclusión supone pasar el ecuador de estas fechas marcadas en rojo en el calendario.

Fuegos artificiales de 2023 desde el pantalán de El Espín. Vídeo de Andrea Rguez. Regodeseves.

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Verbena de La Barca de 2014

en la Dársena. Fotografía cedida por David García.

SAN ROQUE

16 DE AGOSTO

¿QUIÉN FUE SAN ROQUE?

El día de San Roque es, para muchos, un día de descanso. Con el cansancio acumulado de víspera y Fiesta Mayor (y sus correspondientes verbenas), hay que dar un descanso al cuerpo para prepararse para la cita del día siguiente: la tradicional jira. “Porque el día de San Roque era como un día muerto. Primero el día muy importante de la fiesta de La Barca. Y después el día de San Roque siempre fue como un día de descanso. Era un día que la gente estaba cansada y esperaba al día siguiente a la jira”, contaba Horacio Alonso al hablar del 16 de agosto. No obstante, las diferentes comisiones han luchado por convertirlo en un día no exento de actividades para aquellos con energía y ganas de continuar disfrutando de las fiestas.  

El día comienza, igual que la jornada anterior, con un pasacalles amenizado por diferentes bandas de música. A las doce, misa solemne dedicada al patrón de Navia, San Roque, en su capilla en el barrio homónimo. Es importante saber que, aunque las fiestas lleven el nombre de Nuestra Señora la Virgen de La Barca, el verdadero patrón de la villa naviega es San Roque. Así lo aclara Horacio Alonso: “la Virgen de La Barca no es la patrona de Navia. Eso es una celebración que se hace a nivel nacional, como puede ser también en Salas, la Virgen del Viso, en otro lado otra virgen y en otro lado otra virgen. El patrón oficial de Navia es San Roque”, deja claro el futuro pregonero. 

Dicho barrio de San Roque comienza en las puertas del restaurante La Villa, cogiendo toda la calle Campoamor. Ahí precisamente se organizaron, de 1959 a 1965, unas fiestas ajenas a las de La Barca gestionadas por la desaparecida Cofradía de San Roque. Popularmente se denominaba “fiesta del bollo” porque se entregaba, el primer domingo de agosto, un bollín de chorizo y una botella de vino a los asistentes. Además de las del día del Santo, 16 de agosto, en esta fiesta también había misa y procesión por el barrio. Horacio no solo es

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Procesión de San Roque año 2022. Fotografía cedida por David García.

pregonero, sino que es también vecino de San Roque de toda la vida. “Toda la calle de Campoamor era la fiesta, desde la puerta de la Villa para arriba. Había salones de tiros al blanco, ahí justamente colocado, en frente. La calle era estrecha, y donde había una mayor amplitud era en frente donde el colegio Manuel Suárez. Ahí se ponía el tiro al blanco. Y después, por lo largo de abajo, pues nada, chucherías, la Zamorana, con todo eso que se pone en los puestos”, narra el naviego. La jornada culminaba con su correspondiente verbena y al día siguiente se celebraba una misa por los cofrades fallecidos. Un tinte de tristeza en una celebración animada; un contraste que, en el libro de las fiestas de 1961, Sela describe en estas bonitas palabras: “si yo dijera que el barrio de San Roque, de Navia, es un barrio alegre, no diría la verdad. La razón de que no lo sea para mí es clara. En San Roque se ama mucho. Y el amor, nadie lo ignora, lleva aparejado mucho dolor”. 

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Portadas de los tres libros de la Cofradía conservados en la biblioteca municipal de Navia Carlos Peláez. Fragmentos de textos incluidos en cada una de las ediciones.

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Hoy estas celebraciones han desaparecido pero las gentes del barrio continúan celebrando el día del Santo ese tercer día de las fiestas de La Barca. Tras la liturgia y procesión ya mencionadas, tiene lugar una animada sesión vermú en la que se reparten cacahuetes, vino y aceitunas. En la tarde, como se adelantaba con anterioridad, prima el descanso pero también hubo un gran catálogo de actividades que fueron mudando con el paso de los años. En los años 30, primaban las actividades acuáticas como concursos de natación o regatas. A las regatas se sumaron en los 40 partidos de fútbol protagonizados por el equipo local. Esta fue la tónica durante dos décadas. En la edición de 1960 son sustituidos por una peculiar velada de lucha libre, aunque son recuperados ambos eventos dos años más tarde. Las regatas desaparecen en la década de los 70  (reapareciendo a finales de los 80 para esfumarse definitivamente en los 90) aunque se mantienen los encuentros, de forma esporádica, del deporte nacional. Se alternan con otro tipo de celebraciones como festivales infantiles, juegos acuáticos, alguna que otra edición del Descenso y torneos de baloncesto. 

Foto de equipo del Navia C.F. Fotografía del libro de las fiestas de La Barca y San Roque de 1949.

A la conclusión de la tarde, una nueva verbena aguarda. Si bien tradicionalmente se trataba de una verbena al uso con orquestas corrientes, desde hace unos años el día 16 de agosto la noche es amenizada por un grupo español de cierto renombre. Desde 2015, por la dársena han pasado formaciones del calibre de Celtas Cortos, Los Secretos, Revólver, Café Quijano, La Guardia, OBK y Ultraligera y artistas como Coti y Nena Daconte. Adultos, jóvenes y niños se agrupan a los pies de los escenarios del muelle para escuchar las apuestas musicales que estas bandas tienen para ofrecer. Este pastiche de edades no siempre fue habitual en las verbenas. Eduardo nota un cambio de su propia juventud a la que ahora vive su hija. “En aquella época no había la costumbre, que por suerte se impuso pocos años después, de ir a las orquestas la gente joven. Sí es cierto que había una zona de Navia, la ruta de Navia famosa, que todavía queda un rescaldo por ahí, pero claro, era una zona de 200 metros en la que había 14 bares. Entonces nos pasábamos prácticamente las noches ahí, prácticamente no íbamos a las fiestas y los días nos los pasábamos de resaca, con lo cual, poco íbamos. Es la época que quizás menos viví las fiestas, lo que son las fiestas de verdad. Viví las noches, las verbenas, pero tampoco las verbenas de orquesta, sino los bares”, explica Eduardo.  

Llega el momento, disfrutada está última verbena con la intensidad que cada uno considere pertinente, de desempolvar la pañoleta de Asturias y dejarla preparada junto a la cama para lucirla al día siguiente en la esperada jira de Navia.

LA JIRA

17 DE AGOSTO

Allá por 1908, nació en un “cuadrilátero verde, recoleto y frondoso, a la vera del río, como testigos el cielo entoldado de blanco y azul”, en palabras del doctor Jesús Martínez, una jira de Navia impulsada por altas esferas de la villa como una celebración solemne y casi de gala. Tal inicio se produce en la fecha que hoy se mantiene, pero no siempre la tradicional “jira al Cubo” se celebró el 17 de agosto. La jira más tardía tuvo lugar el 20 de agosto, en el año 1913. También las hubo a golpe de 18 de agosto (concretamente en 1925, 1930, 1941 y 1958), normalmente por coincidencia de otras actividades en la fecha inicialmente prevista. Esto no quitaba el carácter festivo de la jornada, por lo que hubo ocasiones en las que las fiestas de Nuestra Señora de la Barca y San Roque duraron más de 4 días. Entre dichas actividades cabe mencionar los concursos y bailes infantiles organizados por los alberguistas del SEU (Sindicato Español Universitario). La institución había comprado un palacio en Andés donde se quedaban los campitos. Fue precisamente uno de ellos, Ángel Cardenas, quién creó el Descenso y algunos de sus compañeros (Paco Aracil, Guerrero, etc.) siguieron con su tradición. A pesar de los cambios de fecha, la jira siempre funcionó como broche de oro a unos días inolvidables en la villa.  

Son muchas las fiestas que en la geografía asturiana tienen como capítulo final una jira. Estas implican, habitualmente, un cambio de localización, un desplazamiento. Porque, tal y como afirma Martínez, “en la fiesta se está, pero a la jira hay que ir”. Y vaya si había que ir en estos primeros años. No contentos con el transporte a pie, para llegar al campo donde se celebraba tan esperada festividad los locales debía desplazarse en botes, cruzando el río, para alcanzar el primer emplazamiento de la merienda campestre: el Cubo. El paso de los años conllevó cambios de residencia, mudándose a la isla de la Entreseca en 1946 y a Las Vegas bajas de San Esteban en 1951. Igual que cambió la localización, también lo hizo su carácter: a partir del primer cuarto de siglo la jira se vuelve una fiesta viva, alegre y ruidosa, perdiendo ese cuidado por la indumentaria y asentándose las charangas y el baile. “Allí había fiesta, baile... La mayoría de las casas iban a comer. Llevábamos la comida, se comía allí en los campos que hay”, narraba María Luz Blanco al recordar las jiras de su niñez y juventud. Las comidas familiares iniciales se mantienen, pero crece también un mayor furor por la fiesta y la verbena, ganando terreno las orquestas modernas conforme avanzaban los años. Está evolución se consolida en la actual jira a Veiga de Arenas, siendo este último traspaso en el 74, despojada de su desplazamiento en barca pero conservando su carácter dinámico y campestre.  

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María Luz Méndez escanciando sidra en la jira en los 60. Cedida por Eduardo Blanco.

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María Luz Méndez y sus amistades posan en la jira en los 60, en las Vegas de San Esteban. Cedida por Eduardo Blanco.

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María Luz Méndez y sus amistades posan en la jira en los 60, en las Vegas de San Esteban. Cedida por Eduardo Blanco.

Así, cada 17 de agosto desde hace más de 50 años los naviegos se dan cita en un terreno colindante a la playa de Navia y resguardado por eucaliptos. Cada uno reserva una pequeña parcela para su comitiva en la que comer, beber, bailar y disfrutar de la compañía elegida. En eso consiste la tarde, amenizada en la parte ocupada por la juventud por altavoces o carros que funcionan a modo de DJ. Caída la noche, los más fiesteros continúan con la verbena durante unas horas al cargo de la discoteca móvil o el DJ designado. Finalizado su pase, todo el mundo emprende camino de nuevo hacia la villa, hacia el muelle; donde esperan dos nuevas orquestas para cerrar por todo lo alto las fiestas patronales.  

En la actualidad, la jira ha ido tomando unos derroteros más juveniles que familiares. “Cada vez está cogiendo más auge eso. El estar allí, la jira, el DJ y tal, y luego venir y acabar la fiesta. Eso está cogiendo cada vez más fuerza. Pero eso depende de a quién le preguntes. Yo cada vez veo menos gente, que hay gente igual, hay familias allí en la jira, lo de siempre, comiendo allí y tal. Pero yo veo cada vez más juventud y menos gente mayor”, advertía Andrés López, presidente de Sofinavia. Con todo, la jira se mantiene como la favorita en diferentes grupos etarios. María Luz lo tenía claro: “La jira era la mejor fiesta que había”. El propio Andrés comentaba que, aunque es mucho del día de la Barca, “el día de la jira no lo cambi[a] por nada”. Y como él, otras tantas personas, convirtiendo la jira en uno de los días más esperados del año.  

Grupos de amistades y familia disfrutando de la jira de Navia desde su desplazamiento a Veiga de arenas. Fotografías de varias autorías. 

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¿QUÉ 5 COSAS NO PUEDEN FALTAR

EN UNAS FIESTAS DE LA BARCA Y SAN ROQUE?

EL DÍA MÁS TRISTE DEL AÑO

18 DE AGOSTO

El 18 de agosto, en la parada, todo está tranquilo. Ya no queda nada. 18 de agosto. Así termina el grupo Siniestro Total su canción La matanza de taxis y así resume Eduardo Blanco el día más triste del año: el día que terminan las fiestas en Navia. Los Blanco concuerdan en que, si bien la vidilla en la villa se mantiene hasta finales de agosto, la sensación general es de inminente final. “La gente que vive fuera, mucha se va y los que no, estamos yendo y viniendo. No es lo mismo. Siempre te queda el estar esperando por las Telayas, que sí que creo que es para todos los de aquí un poco, sobre todo para la gente joven, el cierre de verano de verdad. Pero sí que es como un poco el principio del fin del verano, un día triste”, explicaba la más joven, Raquel Blanco.  

El 18 de agosto es un final, pero también un comienzo. El 18 de agosto comienza la cuenta atrás para una nueva víspera, un nuevo día de La Barca, un nuevo día de San Roque, una nueva jira. Comienza la cuenta atrás para volver a esos días en los que parece que el tiempo se para y el único objetivo es disfrutar de lo tuyo con los tuyos. Cada día más es un día menos. Ya lo dijo Raquel: “si pienso ahora mismo en esos días, digo: ya queda menos, cada día queda menos”.  

QUEDAN

PARA LAS FIESTAS DE LA BARCA Y SAN ROQUE 2026

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