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FIESTAS DE 'PRAO'

EL DÍA MÁS TRISTE DEL AÑO

Un reportaje multimedia sobre las fiestas de pueblo en el noroccidente de Asturias

A priori parece imposible llegar a un acuerdo sobre cuál de los 365 días del año es el más triste. Cada persona tiene experiencias y contextos diferentes que hacen que el resultado pueda variar y dar lugar a infinidad de posibilidades. Para el psicólogo Cliff Arnall, sin embargo, es posible aplicar una fórmula matemática considerando ciertos factores que ocurren en el hemisferio norte. Entre ellos se encuentran el clima, deudas económicas derivadas del periodo festivo o la motivación con respecto a los propósitos de año nuevo. A partir de esta creencia, sin base científica confirmada, se sitúa esta fecha el tercer lunes del mes de enero y nace el Blue Monday: el día más triste del año.  

En el noroccidente de Asturias tienen otra respuesta para esto. Para un naviego, el día mas triste del año es el 18 de agosto. Cinco días más tarde, el 23 de agosto, lo es para un luarqués. Por último, los de Veiga afirmarán rotundamente que el día más triste del año es el 11 de septiembre. A pesar de ser fechas sin aparente relación entre sí, todas marcan un final: el de las fiestas patronales de cada pueblo.  

Después de días plagados de júbilo, alegría y diversión, no parece descabellado pensar que su término tenga como consecuencia un profundo vacío en los asistentes. Las fiestas tienen una importancia fundamental en un contexto actual marcado por la imperante necesidad de producir: todo tiene que ser rentable, todo tiene que servir para algo. Conviene, entonces, salvaguardar los pequeños oasis de lo que el sociólogo Byung-Chul Han denomina «vida contemplativa», aquello que no tiene como fin la consecución de un beneficio: el para nada. En este sentido, el tiempo de fiesta se contrapone profundamente al tiempo de producción asociado al trabajo al quedar despojado de toda funcionalidad o utilidad. Las fiestas son un refugio temporal y espacial en el que descansar de la rueda capitalista que insta a los sujetos a producir siempre más, a rendir siempre más. Como apunta Carmen Morán en La belleza de las fiestas, sirven «para tomar aire, enloquecer dentro de un espacio y un tiempo acotados».  

Las fiestas se perfilan como un horizonte que perseguir en nuestro tiempo de trabajo: son una meta a alcanzar, un puerto al que llegar. Son una constante en una era moderna marcada por la incertidumbre, son un refugio de estabilidad y certeza en un mundo excesivamente acelerado e imprevisible. Porque todo puede estar cambiando en nuestra vida, pero siempre sabremos qué fechas reservar para las fiestas de nuestro pueblo. Las de casa. Fiestas que constituyen un escenario para la reconexión con una comunidad cada vez más diluida en valores individuales de mejora personal promovidos por el capitalismo tardío. Las fiestas se convierten simultáneamente en un lugar de disolución de la identidad (individual) y de afirmación de la misma (colectiva).

Las fiestas populares son un tiempo muerto de embriagante disfrute y desconexión completamente necesario en una época en la que todo parece sobrepasarnos. Y eso pretende ser también este reportaje: un momento de respiro, de pararse y de apreciar un patrimonio cultural e inmaterial de tan altísimo valor como es la fiesta. Así que, igual que el tiempo de fiesta, este es un tiempo de disfrute. 

SUMÉRGETE EN TRES DE LAS FIESTAS PATRONALES MÁS IMPORTANTES
DEL NOROCCIDENTE
DE ASTURIAS

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